Me explico: no se puede decir: dé $1.00 y el Señor le dará 10 veces más. Dé $10.00 y le dará $100.00, porque eso es como dar prestado a Dios y esperar de él recibir intereses.
Si damos a Dios, debemos hacerlo desinteresadamente, porque Dios quiere ser amado de nosotros simple y sencillamente porque Él es Dios no porque podamos sacar algún provecho de Él.
Recordemos el primer mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. En ningún momento este mandamiento es interesado, no está dirigido para obtener algo a cambio, nuestro amor hacia Él debe ser incondicional.
Nuestro corazón puede engañarnos de tal modo que disfrazamos el egoísmo de altruismo. No existe deseo más mediocre que aquel que hacerse rico y ese deseo se vuelve peor cuando queremos usar a Dios para ese propósito.
Es un deseo vulgar, digno únicamente de aquella persona que no ha conocido el amor de Dios y que carece de dignidad, porque sustituye las verdaderas riquezas por lo material.
Todos sabemos que hay cosas más importantes que el dinero y que no se compran. Por ejemplo: La paz interior; La alegría de vivir; El sentirse amado; Una conciencia libre de culpa; Hijos obedientes; La salud física y mental; La salvación.
Los principios cristianos y de los negocios son irreconciliables. En estos días se trata de aplicar técnicas de mercadeo para manejar la administración de la iglesia pero eso no funciona porque son incompatibles, ya que los principios de Dios son altruistas y los del mundo son egoístas.
Es como la sabiduría de Dios y la del mundo, son irreconciliables. Buscar el interés de los demás es inconveniente a mis intereses. Lo vemos en las parábolas de Jesús:
1. El buen samaritano – A los intereses del negocio no convenía arriesgarse para socorrer a un desconocido herido en el camino.
2. El Hijo Pródigo – El Padre debía haberle negado a su hijo la parte de los bienes que le correspondía entregarle como heredad.
3. La oveja perdida – Era más importante cuidar las 99 y no arriesgarse por una sola.
Por ello, no puedo aceptar la doctrina de la prosperidad, ya que esta consiste principalmente en cómo usar a Dios para alcanzar nuestros objetivos. Es egoísta, no piensa en las necesidades de los que me rodean.
Se trata -- De un auto-engaño, que contradice a Jesús cuando dijo que era más fácil que un camello pasara por un ojo de una aguja y no que un rico al reino de los cielos. |