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Su vecino Alejandro Bárcenas, quien ofrece ropa y mercancía en general y otros servicios como corte de pelo, advierte que de seguir así su nivel de ventas, no tardará más de dos meses en dejar el negocio, a pesar de estar en una vía concurrida como la Industrial Boulevard.
César Mondragón, tiene su negocio en otro extremo de la ciudad en la salida 24, sobre la Cleveland Higway, su paletería a la que también le introdujo venta de tarjetas telefónicas y otros productos no está produciendo para sus propios gastos, por eso hace un par de semanas salió a conseguir otro trabajo.
“Aunque tampoco me fue fácil conseguirlo, ya por lo menos he comenzado a ganar algo”, dice Mondragón, quien es ciudadano americano por naturalización.
Jesus Alvarez, tenía un restaurante que atendía su señora y la tienda de miscelánea donde él mismo despacha, el restaurante lo vendió justo después que fracasó el primero proyecto de reforma migratoria.
A la tienda le pensaba introducir la venta de estampados e impresos en tela para uniformes deportivos el año pasado pero las cuentas de inversión y demanda actual no le permitieron arriesgarse con el otro negocio.
“Esto está muy duro, ya no sabemos qué hacer”, dice José, mientras se lleva la mano a la cabeza.
José Benítez, cuyo restaurante está ubicado en Flowery Branch, dice que él no ha había tenido una situación como la que ahora siente, hay fines de semana en que le toca cerrar a las 8 o 9 de la noche porque los clientes no llegan y los bailes que organizaba fueron suspendidos de manera indefinida.
¿Por qué están decayendo los negocios latinos?
Ernesto Garfias, dueño de varios puntos de venta de tarjetas telefónicas, perfumes y joyas de fantasía, dice que desde que los proyectos de reforma migratoria se esfumaron, él y toda su familia cambiaron su estilo de vida.
“Ya salimos menos, hacemos solo una compra grande una vez al mes y las carnes y la leche las compramos cada 8 días, no vamos a restaurantes ni a visitar amigos como antes”, dice Garfias.
“Hicimos una pequeña bodega y ahí guardamos las cosas para no salir tanto” recalcó el hombre de origen mexicano.
Noe Guajardo, fotógrafo y propietario de un local de fotografía dice que muchos de sus clientes cancelaron fiestas y celebraciones el fin de año, algunos por temor, y otros por ahorrar dinero, por si “algo llegaba a pasar”
“La gente tiene mucho miedo, algunos prefieren no gastar por si algo pasa con sus familias ellos tienen qué llevarse a sus países”, recuerda Guajardo.
De hecho, ese temor se ha sentido hasta en las canchas de fútbol, donde la participación en los torneos de fin de año fue muy escasa y a comienzos del 2008 algunas convocatorias no han tenido la fluencia de equipos como en años anteriores.
“Yo no creo que esto tenga que ver con la situación económica del país, porque la gente de aquí tiene trabajo a diario, es el temor el que los ha hecho guardarse en sus casas”, dijo Carlos Almazán un taxista al que interrogamos.
Las bajas en ventas y negocios en general los mismos afectados las calculan entre el 30 y el 60%, para algunos comerciantes, sus actividades han quedado reducidas a un 20% lo que solo alcanza para pagar los servicios y la renta de sus locales.
¿A qué le tiene miedo la gente de Gainesville?
A pesar de que el comisario del condado de Hall, ciudad a la que pertenece Gainesville, ha advertido a través de Georgia Latino News, que la entrada en vigor del programa de verificación de estatus migratorio para los detenidos, no significa que eso afectará al resto de indocumentados, la realidad es otra.
Una funcionaria del Gainesville State College, se mostró preocupada hace un par de semanas, porque muchos de los alumnos de esa institución dejaron de asistir a clases, debido a rumores de que agentes de inmigración merodeaban los alrededores de la institución educativa.
Y así era. Solo que se trataba de los oficiales que estaban entrenando a los más de 30 alguaciles de varios condados que tomaban parte del curso de capacitación para aplicar la sección 287(g) en sus respectivos territorios, y cuya base de operaciones estaba a solo una cuadra del college.
Esas versiones quizá fueron las que hicieron que al menos dos familias latinas que habían puesto sus casas a la venta y que no lograron su objetivo, las dejaran abandonadas sobre la Queen City en la salida 20 de la población.
“Ellos las estuvieron vendiendo porque ya se querían ir, pero no encontraron quien se las comprara y se fueron y se llevaron lo que pudieron”, dijo David un amigo de una de las familias.
Las propiedades ha comenzado a ser objeto de los vándalos y escondite de vagabundos por las noches.
Interrogado el comisario sobre el temor de los comerciantes a que, con la entrada en vigor de la sección 287(g) su situación siga desmejorando, Cronic advirtió que ese no es un tema que le competa a su oficina, pues él junto con la policía trabajan para preservar el orden.
¿Quiénes más se verían afectados?
El año pasado directores de relaciones con la comunidad de dos de las más grandes plantas procesadoras de pollo en Gainesville, Tayson y Fieldale, escribieron una carta a los senadores por Georgia en Washington, en la que le instaban a aprobar cuanto antes una reforma migratoria.
Las dos compañías que emplean a no menos de 1,500 personas inmigrantes sin documentos, estaban y siguen preocupadas por lo que ocurriría si en algún momento tuvieran que desistir de esa mano de obra.
Un obrero de Fieldale, quien prefiere no dar su nombre, dice que con él, que es ciudadano naturalizado americano, trabajan al menos 900 hispanos, de los cuales solo un 20% tienen documentos y ocupan los cargos de supervisores en línea, producción y personal.
Sin embargo, lo que muchos en Gainesville dicen por estos días, es lo que se ha repetido a nivel nacional, en el sentido de que, quien no tenga antecedentes criminales ni esté haciendo nada fuera de la ley, no tiene porqué temer.
“Mis hombres saben que ellos no fueron entrenados para perseguir inmigrantes”, dijo el comisario Steve Cronic, tratando de bajar los ánimos a un ambiente que él mismo reconoció se ha venido alterando por la desconfianza y el miedo. |