“Los Cax viven al final de una vereda, en un terreno donde apenas se puede ingresar a pie. En el lugar no hay construcción formal, pero han levantado unas paredes de adobe que se complementan con varillas de bambú”, dice la periodista en una crónica motivada por el caso del que tuvo conocimiento a través de Georgia Latino News.
“Allí viven los 19 integrantes de la familia. Doce de ellos son niños de entre 18 meses y 13 años, hijos de los hermanos de Marcial”, tal como narró José Cax, uno de los hermano que vive en Florida, sus progenitores no solo viven en condiciones de pobreza extrema, sino que están muy enfermos.
“La vivienda está rodeada de milpa tierna que fue sembrada hace apenas un mes. Tienen cerdos, gallinas, pavos y en el patio de tierra juegan los niños a la par de los perros y gatos. En algunas habitaciones hay mazorcas colgadas como parte del proceso de secado natural.
El lugar donde habitaba Marcial también está lleno de mazorcas. Los pocos pantalones que tenía, están colgados en un lazo y el catre donde dormía está ahora doblado en una esquina”
“Marcial Cax Puluc tenía 20 años y se dedicaba a cultivar la tierra, en la aldea Suasité, San Juan Sacatepéquez, cuando decidió irse “de mojado” a Estados Unidos.
Para entonces casi no conocía la capital, aún no sabía leer y escribir, y hablaba con dificultad el español.
“No se llevó nada cuando se fue”, dicen sus familiares.
Familia perderá su terreno
José Cax, narró al Diario de Centroamérica que ante la pobreza extrema en la cual se habían levantado sus hijos, Marcial que era el último, siempre se ha había mostrado inquieto por ayudarles para construir así fuera una vivienda digna, por lo cual les dijo que vendría a Estados Unidos.
Su madre de 65 años y su padre de 70, le habían advertido que no se viniera, pero ya resignados le habían dejado. “Ve y lucha por tu vida”, recuerda su hermano José que su madre le había recomendado al joven asesinado.
“Él me decía: –Aquí no hay trabajo… hay, pues, pero se gana poco, recuerda su padre, José Cax Ramírez, de 70 años, quien hace pocos días enterró a Marcial, el más pequeño de sus cuatro hijos, muerto a manos del asistente del comisario del condado de DeKalb, Derrick Yancey”, narra la cronista en una parte de la historia.
“La familia, que reside en una pequeña aldea de San Juan Sacatepéquez, está a punto de perder el terreno donde habita, por haberlo hipotecado para pagar al ‘coyote’.
Don José no puede contener el llanto y la voz se le corta. Trata de ocultar el rostro con las manos ásperas y encogidas que denotan una vida de arduo trabajo en la agricultura”
“Yo le dije que se quedara, que no había necesidad de irse tan lejos, pero él quería construir una casita”. Ese es parte del dolor que ahora embarga al padre de Marcial.
José Cax refleja también en su rostro la preocupación por la deuda contraída con un prestamista para pagarle al “coyote” que trasladó a Marcial de Guatemala a México y luego a Estados Unidos.
Solo por el monto de los intereses, los Cax Pulc tienen una deuda con los prestamistas que asciende a 50 mil quetzales, es decir, más de 6,500 dólares, la deuda total sobrepasa ahora los 12 mil dólares.
“No podemos pagarlos porque aquí sacamos solo el dinero para el día”, afirmó Lisandro, hermano de Marcial.
Desolados y sin esperanzas
El panorama no puede ser más desolador para la familia de Marcial, el joven que encontró la muerte a solo 6 semanas de vivir en Stone Mountain, luego de haber demorado tres meses en su travesía desde su natal San Juan hasta Atlanta, pasando por las fronteras de México y Estados Unidos.
“Marcial tuvo un sueño, quería una casa y para lograrlo debía salir de su aldea. Su viaje fue difícil, demoró tres meses para llegar a su destino y regresó en un ataúd el 24 de junio, dos semanas después de haber fallecido”
Don José y doña Silveria, su esposa, mantienen un semblante desconsolado por el asesinato de su hijo menor, asesinado. José, su primogénito, que vive en Florida, desde hace dos años, tampoco puede ayudarles, porque sigue endeudado pagando el costo de su viaje. Y el resto de la familia se ha quedado sin recursos para solventar problemas.
En contraste con la miseria en la que viven sus progenitores, el día que recibieron el cadáver de Marcial procedente de Atlanta, éste vestía un traje entero blanco
“Don José usa botas de hule, una playera que alguna vez fue blanca y un pequeño sombrero que cubre su rostro moreno. Doña Silveria no usa calzado, viste un huipil (traje típico) y un corte descolorido, lleva un collar de bolitas rojas del que cuelga una cruz”, narra detalladamente la nota de la periodista Elsa Coronado.
“La familia Cax Puluc no tiene las respuestas del porqué de la muerte de su hijo. La vida después de Marcial es totalmente incierta” concluye Coronado.
Con información del Diario de Centroamérica, agradecimiento especial a Elsa Coronado y Joel Paz. |