respondió el hombre: ¿Ah, no? ¿Entonces en qué? Creo en la persona de Jesucristo y no en una religión, contestó el creyente: No juegue con las palabras, le dijo el juez: ¡En absoluto!, replicó el prisionero.
Usted puede cerrar los lugares de reunión, encarcelar o matar a los cristianos; prohibir toda religión y aun quemar las Biblias, pero, ¿puede tocar a Jesucristo? Él vive eternamente; vive en mi corazón, ¡no me lo puede quitar! Si me matan, estaré con él para siempre.
Amigo lector, ¿comprende esta diferencia? La religión es un conjunto de ritos, una organización influida por un contexto social y cultural, señalada por errores y debilidades humanas. En cambio, la fe es una relación verdadera y personal con un Dios vivo; significa conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios, amarle y vivir para él.
El apóstol Pablo escribió: Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).
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