María, su madre llegó a Estados Unidos hace 17 años y aquí soñó siempre con tener todas las oportunidades que su tierra les había negado a ella y a sus hermanos. Trabajó duro, aprendió oficios que antes no se imaginaba y finalmente cuando por espacio de cuatro años trabajó como taxista, supo que quería ser dueña de su propia compañía de taxis, y así lo hizo.
Cinco de los 6 hijos de María nacieron en Estados Unidos, incluyendo la mayor, Zully, quien además ha sido para ella su mano derecha. “Mi todo”, como afirma orgullosa mientras le acaricia su larga cabellera.
Un perro vale más que 6 niños
La desgracia de María comenzó cuando un buen día encontró en la calle un perro mini chihuaga, que llevó a su casa. “Una vez el niño menor juagaba con el perro y éste se salió y fue a parar donde un vecino que lo reportó a la policía”, recordó la mujer.
Por recuperar el animal, le cobraron una multa de 160 dólares y por haber dejado salir al mini chihuaga de su casa le impusieron 800 dólares más, los que la mexicana no tuvo forma de pagar, aceptando quedar en probatoria mientras hacía los abonos acordados con el juez.
En Junio del 2009 un oficial de policía que la vio salir de una gasolinera la siguió bajo el argumento de que no había hecho un pare al salir del lugar, al no portar una licencia de conducir fue arrestada y dejada en libertad al pagar una fianza.
“Cuando regresé a pagar el dinero de la probatoria por el caso del perro, la oficial que me atiende me regañó y me dijo que había violado el acuerdo y que me iban a arrestar”, narró María.
Así pasaron 2 presentaciones más ante su oficial de probatoria, hasta que a la tercera vez, la mujer decidió arrestar a María. “Ya yo como que me estaba haciendo a la idea de que me arrestarían en cualquier momento, pero como nunca me dijeron cuando, esa vez me tomó por sorpresa”
María estuvo 30 días arrestada, por violación de probatoria al haber dejado salir un perro mini-chihuaga de su casa, mientras su 6 hijos de 14, 12, 9, 5 , 2 y 1 año, permanecían solos en su casa al cuidado de Zully la mayor.
“Cuando fui otra vez a la corte, por el caso del perro, el juez le preguntó a la oficial de probatoria que qué quería hacer conmigo, y la mujer le dijo que me quería dar 30 días más…yo casi suelto el llanto, pero me llené de coraje y le hablé al juez”, narró.
En efecto, el juez oyó las súplicas de la madre y la dejó ir donde sus hijos nuevamente, pero para ese entonces, ya tenía otra corte pendiente sin fecha aun, por el ticket de la gasolinera.
El 13 de diciembre del 2009 María vio a un abogado para que verificara el estatus de su próxima corte, y éste le confirmó que no estaba aun programada. El siguiente día fue con su hija Zully visitar a un amigo que estaba detenido en la cárcel de Clayton y al salir el policía le dijo que quedaba detenida porque tenía pendiente una presentación en corte.
Policía de Clayton “colabora” con inmigración
“El policía creía que a quien debía detener era a mí y me dijo que se iba a quedar conmigo”, dijo Zully, ahora con 15 años, pero ella sabía que se refería a su madre. Cuando verificó los datos le dijo a la niña que se fuera sola caminando hasta su casa, porque su mamá quedaba detenida.
“Regresé a la casa a atender a mis 5 hermanos, pero también a buscar el dinero de la fianza para sacar a mamá de la cárcel”, dijo Zully, y en efecto, entre amigos, familiares y conocidos reunió la cantidad, sin embargo, después de la corte ante el juez, donde María refutó la forma como había sido detenida, el juez le quitó el ticket por “no haber hecho el stop”, pero ya había un hold de inmigración pendiente.
“Yo no sabía qué hacer, lo primero que se me ocurrió decir es que me deportaran rápido, que no quería estar separada de mis hijos por mucho tiempo, que me dejaran ir a mi país, pero mi hija me dijo que no podía decirles eso a los policías, porque ella me iba a regresar con un abogado”
Zully regresó a su casa esa tarde devastada, pero cuando vio a sus 5 hermanos y se acordó de todo lo que había aprendido en la escuela sobre las leyes y los derechos de los seres humanos se fortaleció, aunque también entendía que como menor de edad, no podía tener la custodia de los otros niños.
“Yo sabía que si alguien, algún vecino, en la escuela o en la calle alguien llegaba a saber que los 6 estábamos solos en la casa porque mi mamá estaba arrestada, nos iban a llevar al departamento de niños y nos iban a quitar de nuestra mamá”, afirma Zully.
Por eso todo lo que hizo a partir de ese momento, fue elaborar un plan que comenzaría llamando a todos los abogados que encontrara en el directorio telefónico hasta lograr la respuesta de alguien, lo segundo era mantener a sus hermanos, cuidarlos, protegerlos, mandarlos a la escuela a unos y llevarlos a la guardería a los más pequeños.
Alguien se compadece de Zully
Ya había marcado varios números y todos le decían algo diferente, nadie quería comprometerse, algunos no le prestaban atención, hasta que marcó un número que resultó ser el celular de la abogada Caroll Meldrow.
“Le conté toda la historia, le dije; hoy mi mamá tuvo su corte pero cuando fuimos a pagar ya tenía un hold de inmigración, le dije que por favor me ayudara que mi mamá no podía ser deportada”, narró. Entonces la abogada Meldrow al escuchar su voz tuvo curiosidad y le preguntó por su edad.
“Tengo 15 años, le dije…y ella dijo wow…eres muy fuerte…esta tarde a las 6 voy a ver a tu mamá a la cárcel”
A las 8 de la noche cuando María aun no había dejado de llorar ni de pensar en los suyos, un oficial le dijo que alguien la quería ver, ese momento cambió su historia para siempre, porque al asomarse a la ventana por donde hablan los reos con sus visitas vio a una mujer en compañía de su hija.
“Te lo prometí, que iba a regresar con un abogado, ella es la que te va a defender”, recuerda María que le dijo su hija. Dice que lloró por dentro amargamente y con lágrimas en los ojos pidió a la abogada que acelerara su deportación.
“Fue la primera vez que vi llorando a mi hija, después de eso, fue fuerte, nunca lloró y cuando yo lo hacía ella me consolaba y me decía que debía tener valor, que todo iba a salir bien”
Encargada de su “hogar”
Durante los primeros 15 días después del arresto de su madre, junto a su padre, que entonces regresaba a casa esporádicamente a ver por ellos, Zully, vivió sola, se levantaba a las 5 de la mañana, iniciaba los quehaceres del hogar y a las 6 comenzaba a despertar a sus hermanos.
“A los más pequeños, de 1, 2 y 5 años, los vestía, les daba el desayuno y los llevaba a la señora que los cuida, después regresaba a encargarme de los más grandes”, narra la jovencita.
Más tarde ayudaba a vestir a sus hermanos de 13 y 10 años y ella misma los llevaba a la parada del autobús o a la escuela caminando, tratando siempre de no usar las calles principales para no encontrarse con algún policía o alguien que supiera que ellos estaban solos sin la compañía de un adulto.
“No dejaba que mis hermanos faltaran a clases para que los maestros no les fueran a preguntar nada y les advertía todos los días que no les contaran a nadie lo que estaba pasando”, recordó Zully.
Antes de salir para sus clases, dejaba comida preparada y las instrucciones para sus hermanos cuando regresaran, igualmente trataba de atender la compañía de taxis de su mamá, para seguir generando algo de ingresos.
El 31 de diciembre, el padre de los niños fue arrestado, porque un oficial de policía de Calyton argumentó que no podía leer su placa bien, porque el bobillo de la misma estaba fundido. El hombre está ahora también en proceso de deportación.
“Ahí ya yo quedé completamente sola, pero ya la abogada estaba trabajando por el caso de mi mamá, buscando una nueva fianza”.
Otra odisea…
Caroll Meldrow, cumplió la promesa hecha a Zully la primera vez que la escuchó hablar por teléfono y consiguió una fianza con inmigración por 5 mil dólares. Nuevamente entre amigos y familiares cercanos y lejanos, Zully se dio a la tarea de reunir el dinero y aunque le llevó 3 semanas, a finales de enero del 2010, ya tuvo el total requerido para ver a su madre nuevamente en libertad.
El 3 de febrero pasado, María volvió a ver la luz del sol, dejando atrás en la cárcel de Otiwa en Alabama un pedazo de su vida que dice nunca olvidará.
“Tantas mujeres sufriendo por sus hijos enfermos, por sus familias…son cada una historias que parten el alma y no hacen que uno recobre por completo la felicidad”, dice la mujer.
Entre tanto, Zully, su hija, narra a El Nuevo Georgia, lo que cada día debía inventarse para consolar a su madre cuando la llamaba por teléfono para que ésta no se preocupara.
“Me dolía bien feo decirle a mi mamá cuando mis hermanos estaban enfermos, entonces le decía que estaban bien…”, dice la joven visiblemente conmovida.
Recordó que los dos menores de 1 y 2 años se enfermaron y ya no tenía nada que darles, ni a quien pedirle prestado y les hacía té de hierbabuena.
“Era muy duro…”, dice Zully, “Yo lloraba todos los días que mi mamá no estaba pero ella nunca lo supo”, recuerda, mientras de la niña aquella que jugó a ser valiente llevada por las circunstancias, va quedando una adolescente frágil que se quebranta en sollozos y ambas, madre e hija se abrazan buscando mutuo consuelo en medio de las lágrimas.
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